Cómo lograr el éxito sin morir en el intento

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Es muy común hablar de éxito en la cultura contemporánea y de hecho, suele aparecer como mandato tácito o en algunos casos muy explícito constantemente. La sociedad suele decirnos que tenemos que tener éxito en cualquier ámbito y proyectos de nuestra vida: “Hay que tener éxito en la escuela; hay que ser exitosos en nuestro trabajo, hay que ganar dinero, etc.”

En los capítulos 2 y 4 del libro De víctima a protagonista el Lic. Hugo Landolfi distingue dos nociones de éxito: una relacionada con el alcance del éxito en forma sana y saludable y la otra con los costos, casi enfermizos, de alcanzar el éxito. Esta distinción de nociones es realizada fundamentalmente en torno a tres elementos que aparecen en ambas concepciones del éxito y que sirven para distinguirlas; si bien hay muchos más, éstos son los considerados por el autor como los más distintivos o importantes. Ellos son: las metas, objetivos o proyectos, el fracaso y el esfuerzo.

¿Qué es el éxito?

En primer lugar, es necesario decir que en ambos casos se habla de éxito en la medida en que hay un proyecto, meta u objetivo planteado, que aún no ha sido alcanzado pero al que se desea llegar. Si esto se logra, se habla entonces de “éxito”, y de lo contrario de “fracaso”.

¿Qué es el éxito sanamente entendido?

Cuando hablamos de un éxito sanamente entendido tenemos que considerar que las metas, objetivos o proyectos tienen que ser: internos, auto propuestos o elegidos a conciencia.

Esto quiere decir que lograr el éxito en forma sana implica la elección y reflexión interna sobre un objetivo, meta o proyecto vital. Esto implica que la persona deje de seguir las exigencias o metas externas y pase a interiorizar y descubrir quién quiere ser; en qué quiere convertirse, en función de los dones y potencialidades personales que posee. Por eso decimos que las metas sanas son aquellas que son autopropuestas, son conscientes y tienen que ver con el desarrollo diario de lo que la persona quiere ser en su vida. Esta elección además debe ser hecha en forma tranquila, consciente, completamente libre y personal.Lograr el éxito

En cambio, cuando hablamos de un éxito que enferma en el tema De víctima a protagonista, nos estamos refiriendo a aquel cuyas metas son: externas, impuestas y que no son elegidas en forma consciente sino ciegamente. Este tipo de metas están siempre en función de expectativas, ideas o intereses de un otro, que puede ser la sociedad, un familiar, un empleador, etc. Tanto cultural como familiarmente estamos acostumbrados a que se nos propongan metas, objetivos y proyectos desde afuera de la propia persona. El problema con este tipo de exigencias es que pueden enfermar porque no son algo personalmente asumido. Son muy comunes frases como “Hay que ser alguien en la vida”, ”Hay que ganar dinero” o “En la vida hay que progresar”, pero todas ellas son exigencias culturales que no necesariamente son acordes con lo que desean las personas para sí mismas, con lo que ellas quieren ser, y es ahí donde se produce el conflicto.

Lo importante de esta primera distinción es tomar conciencia de las exigencias y metas externas para pasar a descubrir quienes queremos llegar a ser en nuestra vida, a través del desarrollo de todas las potencialidades y posibilidades que duermen adentro de cada uno.

En el libro De víctima a protagonista el autor trata este tema considerando que la concepción sana del éxito involucra aquellas estrategias de una persona que es protagonista de su propia vida, mientras que la víctima es aquel que pone en lo externo toda la explicación de lo que ocurre con su vida sin asumir nunca su propia responsabilidad sobre la misma. La figura del protagonista es la de alguien que desde su interioridad, independientemente de las circunstancias que existen e influyen, aunque tomándolas en cuenta, genera un camino de vida que está relacionado con lo que quiere llegar a ser en el futuro. Esto lo alcanzará en función de su desarrollo personal y de las metas y objetivos que se proponga para alcanzarlo.

Repensando el fracaso

El segundo componente a analizar en esta distinción de nociones sobre el éxito es: la idea de fracaso. En relación a lo anteriormente explicado, si los objetivos personales son autoporpuestos y elegidos a conciencia, la idea de fracaso, entendido de modo peyorativo, desaparece. Esto puede sonar un tanto extraño pero para quien tiene un proyecto vital que paulatinamente le va acercando a lo que quiere ser no puede haber nunca fracaso pues el mismo hecho de avanzar implicará grados mayores de acercamiento a lo que quiere llegar a ser y que concomitantemente lo alejan de la posición de la cual partió.  Metafóricamente es como subir una escalera, cada paso, cada peldaño nos acerca más a la cima y más nos aleja de su base.Smart-Idea1

Contrariamente, en la concepción enferma del éxito el fracaso, entendido de modo negativo, está presente permanentemente. Esto sucede porque al ser metas exteriores la persona, por un lado, inconscientemente sabe que, aunque las alcance, nunca le acercarán a lo que quiere ser.

Y por el otro porque en esas metas externas está escondido el juez que luego va a evaluar si la persona alcanzó o no las metas exigidas diciendo: “Fracasarás si no alcanzas las metas”. Frente a esto nosotros proponemos que toda persona que se encuentre en esa situación pueda responder “¡Pero yo no elegí esas metas!”.

Las herramientas necesarias para realizar este pase de víctima a protagonista son explicadas en detalle por Hugo Landolfi, en el libro anteriormente mencionado. El salir de la trampa de las exigencias y metas externas nos hace evitar caer en la trampa de la idea de fracaso, entendida como algo malo. Porque en realidad, si uno no elige las metas que le proponen entonces si no las cumple no es un fracasado. Y si uno ha elegido las metas y objetivos para la propia vida, en caso de no cumplirlas, sabe que le han acercado a donde quiere llegar. Y en tanto cotidiana y paulatinamente uno va haciendo cosas para acercarse, eso de ningún modo puede ser considerado fracaso sino un acercamiento gradual al éxito.

El esfuerzo y el éxito

El último punto a ser considerado para diferenciar un éxito sano de uno que enferma es: el esfuerzo. Toda meta propuesta implica un esfuerzo más allá del que se está acostumbrado. Por ejemplo: si una persona corre día por medio 3 km. desde hace un año, no tendría sentido que se propusiera una meta que dijera “a partir de la semana que viene voy a correr 3km. día por medio” pues eso es lo que esta persona ya viene haciendo, ese es su esfuerzo actual. Una meta que podría considerar esta persona sería “a partir de la semana que viene en lugar de correr 3 km. día por medio voy a correr 4km.”. Esto le implicaría expandir su límite de esfuerzo actual, de manera gradual, haciendo aparecer una brecha, una distancia entre el esfuerzo actual y aquel al que quiere expandirse y es allí donde aparece la meta.

Prof. Hugo Landolfi


La cuestión que nos ocupa, siendo que estamos buscando la manera de lograr el éxito sanamente, es que la cantidad de esfuerzo adicional, la brecha entre el esfuerzo cotidiano y el necesario para alcanzar la meta debe ser medido, reflexionado y sano.



Prof. Hugo Landolfi

Esto lo decimos porque sólo la propia persona tiene un mejor conocimiento de sí misma en relación a qué es lo mejor para ella, cuál es sanamente el grado de esfuerzo al que puede enfrentarse sin que le termine jugando en contra y cuál es la medida de esfuerzo adicional que puede hacer, entre otras. En cambio, cuando la exigencia proviene desde afuera, quien exige no conoce tan bien a la persona como ella misma, por lo tanto los esfuerzos que se demandan suelen enfermar, ser desmedidos o exagerados y no son reflexionados.

El caso del ámbito laboral

Esto sucede frecuentemente en el ámbito laboral, por ejemplo: un empleado administrativo puede mandar veinte cartas a documento por día, y en ello consiste su trabajo. Si suponemos que esa es la única persona que realiza dicho trabajo y, por algún motivo, ese trabajo se triplica entonces la persona pasa de hacer veinte a  cartas a documento por día a hacer sesenta. Esa subida de esfuerzo, entre el actual y el demandado, es mucho mayor a la que sanamente podría imponerse a sí misma esa persona quien considera  que por ejemplo podría hacer entre treinta y cuarenta cartas por día. Pero si se pasa de esa medida eso podría llegar a enfermarle pues hay una exageración, un pedido ciego realizado por alguien que desconoce cuáles son los límites de la persona y qué es lo mejor para ella.sarah_williams1-300x2931

Entonces el esfuerzo, en las metas propias, siempre va a orientarse a aumentar la cantidad de esfuerzo y trabajo de una forma sana y paulatina. Siguiendo con el ejemplo anterior, si alguien corre 3 km. y se propone correr 10, debe hacerlo gradualmente, corriendo 4 km. el primer mes, luego 5 el segundo mes y así hasta llegar a correr 10 km. Lo que no debe hacer es salir a correr 10 km. de golpe porque eso puede lastimarle el cuerpo al implicar un esfuerzo exagerado para lo que está habituado y terminará siendo en definitiva totalmente perjudicial para su salud.

Una última cosa que deseamos agregar es que, a veces en el mundo laboral, uno no solamente va a trabajar en una empresa para alcanzar las metas y objetivos personales sino también para los de la empresa. Esto es algo natural a las empresas y está bien que así sea pues una empresa tiene su razón de ser en el hecho de que una persona sola no podría hacer lo que toda la empresa hace y es por eso que es necesario un conjunto de gente. Y para que la visión u objetivo de la empresa se alcance ese conjunto de gente tiene que seguir las metas de la propia empresa que, por supuesto, serán externas a los integrantes del conjunto. Pero, y en ello interviene el liderazgo, esas metas externas se pueden interiorizar y pueden alinearse con los objetivos internos de cada uno de los empleados. No tiene que haber una disociación entre los objetivos de la empresa y los de los individuos que en ella trabajan pues de ser así se produciría un malestar laboral muy grande. Uno de los trabajos de los líderes verdaderos es ayudar a que las metas externas, impuestas y ciegas y pertenecen a la empresa, sean interiorizadas en las personas y puedan alinearse con las metas que el empleado ya tiene y por las cuales fue a trabajar a esa empresa.

En el fondo el trabajo del liderazgo multifocal es alinear las metas externas que la persona tiene de por sí con las metas externas que pertenecen a la empresa para que trabajen en forma conjunta. Esto ayuda muchísimo a mejorar los ambientes laborales y la eficiencia y efectividad de la empresa. Porque si hay una disociación muy grande entre las metas de la empresa y las de sus empleados éstos últimos tienden a ser muy ineficientes, a hacer lo mínimo posible, como habitualmente sucede en el de la empresa.

Cómo lograr el éxito sin morir en el intento
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  • Hugo Candelas

    Felicidades! Hugo, Excelente videoclase muy clara y enriquecedora de lo que debemos lograr como lideres y como personas. Saludos!

    • Hugo Landolfi

      Gracias Hugo por tus amables y generosas palabras. Me pone muy contento que te haya sido de utilidad la Video-Clase. Hasta pronto!

  • mirta

    Los ladridos del perro eran parte de los obstaculos de la meta del profesor?

    • Hugo Landolfi

      Hola Mirta, los ladridos corresponden a mi perro Ovejero Alemán llamado “Black”, que, justamente, cuando uno se pone a grabar un video, se pone a ladrar. Gracias por tu comentario y tu sentido del humor.

      Saludos!